Eliana Basoalto Rodriguez y Paulina Díaz Moreno
Profesionales de apoyo Unidad de Protección de Derechos a la Primera Infancia
Fundación Integra
Fundación Integra
“No es fácil ser padre”, “Nadie nos enseña a ser mamá o papá”, “Esto de ser mamá o papá es una tarea muy demandante”. Estas son frases que habitualmente escuchamos de otros o repetimos nosotros mismos cuando como padres o madres nos damos cuenta que hemos cometido un error con nuestros hijos e hijas.
Algunos de estos “errores” son subsanables y remediables en el corto plazo, sin embargo, algunas de nuestras acciones pueden generar una grave trasgresión de los derechos de las niñas y los niños y afectar de manera negativa y permanente su normal desarrollo. Asimismo, los contextos de pobreza y de privación en la que viven muchas familias, se pueden convertir en un escenario favorecedor para la vulneración de derechos y para la realización de acciones que nos lleven a la NEGLIGENCIA como padres y madres.
Para tener claridad en lo planteado, entenderemos la NEGLIGENCIA, como el abandono, la apatía, el desgano o la indolencia que a veces nos lleva a descuidar el bienestar y el bien superior del niño y la niña.
La NEGLIGENCIA PARENTAL, es un tipo de maltrato infantil, ejercida por los padres y/o adultos responsables, sostenida en el tiempo que priva a los niños y las niñas del cuidado, protección y afecto que deben recibir de los adultos responsables que le rodean para un óptimo desarrollo integral.
Estas conductas mencionadas suelen darse por diversos motivos personales, sociales, familiares y /o comunitarios y en su mayoría pueden trabajarse con apoyo de especialistas y con la integración y participación de los padres y madres u otros adultos referentes del niño y la niña, en instituciones y organizaciones de la comunidad como el jardín infantil y /o sala cuna.
En estas instituciones, es factible conocer, aprender y desarrollar competencias parentales y estimular las condiciones y las características del APEGO, condición fundamental para el buen trato con nuestros hijos e hijas, a través de la participación en talleres, entrevistas con profesionales, materiales de apoyo, visitas domiciliarias y un sinfín de estrategias posibles de implementar.
EL APEGO.
El apego es un vínculo emocional que desarrolla el bebé con sus padres o cuidadores y que le brinda seguridad emocional para su óptimo desarrollo.
Esta seguridad emocional significa para el niño y la niña, ser aceptado y protegido incondicionalmente, pero que para desarrollarse es fundamental la presencia y proximidad física de la madre y/o el padre u otro adulto significativo.
Sin embargo por distintos motivos no todos los adultos desarrollan el apego y si lo hacen el tipo de relación que establecen no necesariamente constituye un apego seguro, sino que puede ser un apego más bien ansioso o desorganizado.
Cuando estamos frente a un adulto que se relaciona con un niño o niña de alguna de estas dos últimas formas, existe la posibilidad de que la forma de relacionarse con el bebé les lleve a vincularse de manera negligente, descuidando las necesidades básicas de alimentación, higiene, sueño y afecto.
Así, la negligencia parental puede causar serios daños a la salud física y emocional del niño y la niña y puede en ocasiones terminar con hechos trágicos para la vida de los mismos.
Algunas de sus graves implicancias pueden ser estados nutricionales inadecuados por déficit o por exceso, generando graves problemas de salud que afectarán su adecuado desarrollo.
Accidentes graves como quemaduras, caídas desde altura, amputaciones de dedos, etc. producidas por descuido o abandono de los padres hacia sus hijos e hijas, entendiendo que existen accidentes que suceden por descuidos involuntarios y ocasionales que si bien son responsabilidad del adulto no se deben a conductas negligentes.
Consecuencias derivadas de la no atención oportuna en caso de enfermedades como bronquitis, otitis, diarreas, etc. que finalmente obligan a la hospitalización del niño o la niña por periodos prolongados con el evidente costo que esto significa desde todos los ámbitos.
Toda acción negligente, tiene una consecuencia además en lo social y afectivo; niños y niñas con baja autoestima, problemas de adaptación al medio social, dificultades en el cumplimiento de normas y reglas, problemas para la adquisición de hábitos, etc. y en el desarrollo cognitivo con serios problemas en el aprendizaje que lo dejan en clara desventaja frente a otros niños y niñas de su edad.
COMPETENCIAS PARENTALES.
Las competencias parentales forman parte de lo que los expertos han llamado parentalidad social, condición de continuidad de la parentalidad biológica y que dice relación con que niños y niñas son cuidados, criados y protegidos por quienes los procrearon.
La mayoría de las madres y los padres pueden asumir el cuidado, educación y protección de sus hijos/as, sin embargo hay otros que no poseen, ni han desarrollado las competencias para una práctica parental acorde a las necesidades de niños y niñas.
Las causas de estas incompetencias pueden tener su origen en historias familiares, personales y sociales y que en la mayoría de los casos se relacionan con historias anteriores de maltrato, abandono, exclusión social, protección inadecuada o inexistente, pérdidas o rupturas en la infancia de estos padres y madres u otros adultos con dificultades para el ejercicio de la parentalidad.
Las competencias parentales están determinadas por un origen biológico, pero son moldeables por experiencias vitales e influenciadas por la cultura y los contextos sociales.
De acuerdo al modelo de Barudy y Dantagnan (2005) las competencias parentales son:
- EMPATIA: Es la capacidad de los adultos responsables de percibir y comprender las necesidades de los niños y las niñas, a través de sus expresiones emocionales y gestuales para responder de manera oportuna a sus requerimientos.
- REDES: Es la oportunidad que tienen los padres y madres para pedir, recibir y ofrecer ayuda a sus redes familiares y sociales, lo que incluye a instituciones formales de la comunidad y a profesionales de la salud y de la educación.
- MODELOS DE CRIANZA: Es poder reconocer las necesidades de cuidado y protección de los hijos e hijas y responder a ellas de manera práctica a través de pautas de crianza, favoreciendo su desarrollo.
- APEGO: Son los recursos emocionales y cognitivos que tiene las madres y los padres para vincularse con sus hijos e hijas.
Los profesionales y técnicos del área de la educación y de la salud, tenemos la obligación, como adultos significativos de la comunidad de implementar, ejecutar y evaluar estrategias para apoyar a los padres, madres y otros familiares o adultos significativos para los niños, niñas y adolescentes y poder influir positivamente en estos adultos que se encuentran en condiciones de incapacidad de ejercer su parentalidad de manera adecuada.






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